Escribe César Sánchez Martínez / LIMA
En estos tiempos de competitividad y globalización es notoria una tendencia que presentar al líder como un “todista”. Es decir, como aquella persona que sabe de todo y hace de todo. Sin él las cosas no funcionan. Tiene que estar presente para dirigir a los subordinados, “ovejas” o colaboradores. Nadie puede tomar mejor decisión que el “líder”. Es una especie de “dios” especializado en gestionar, dirigir y administrar el trabajo de las personas. Incluso, lo presentan como el “emprendedor” y “luchador” que con mucho esfuerzo logró metas y alcanzó sus sueños, aún, pagando un alto costo social, algunas veces pasando por encima de otras personas. Ese tipo de “liderazgo” es cualquier cosa, menos el liderazgo que transforma a la persona. Le pueden llamar así, e incluso, hasta existen coachs que lo pregonan, pero no es ni tiene la esencia del verdadero liderazgo.

El verdadero líder trabaja en equipo. Tiene una visión y ésta la comparte, de ahí la necesidad de una visión compartida. Además, esa visión, muchas veces es perfeccionada y mejorada por los integrantes del equipo de gestión o administración.
El trabajo en equipo es fundamental. Hemos visto, por ejemplo, en los campeonatos de fútbol, que hay equipos que tienen un líder y todo el equipo gira en torno a esa persona. Si ella se enferma y no juega, el equipo no funciona porque no tiene un norte qué seguir. Incluso, se dice que ese jugador es el “alma del equipo”.
No es bueno acostumbrarse al juego de una sola persona porque perjudica al equipo. De la misma manera pasa en las organizaciones, sea empresa o iglesia. Se supone que el éxito está basado en el equipo.
Entonces, urge un trabajo en equipo, donde cada persona aporta ideas, mejora los procesos y ayuda al fortalecimiento y logro de los objetivos institucionales.
Es verdad que la visión llega primero a una persona y ésta la comparte, de tal manera que, en el corto plazo, todos tienen la misma visión, aumentada y mejorada.
El líder que quiere hacer todo y que aún cree que sin él nada funciona es egoísta en sus acciones. Esa persona cree que el mundo gira alrededor de ella y que todos están pendientes de lo que haga.
El trabajo en equipo ayuda mucho en las organizaciones. Darles oportunidades a las personas supone un acto de ayuda personal. Hay colaboradores que nunca hicieron algo porque no tuvieron las oportunidades, pero cuando las tienen empiezan a proponer buenas y excelentes ideas.
Un buen líder sabe capitalizar las buenas iniciativas de sus colaboradores. Países asiáticos que por cultura trabajan en equipo están logrando metas como nación, precisamente por los aportes de los colaboradores.

Conocimos hace algunos años a un abogado que es muy probable que sabía mucho de leyes, pero era un mal jefe, diría muy pésimo. El asunto que él era el jefe de Comunicaciones e Imagen Institucional. Es decir, era el jefe de comunicadores sociales que habían estudiado y se habían especializado e Comunicación Institucional, Protocolo, Relaciones Públicas e Imagen Organizacional. Como el hombre de leyes no sabía dónde estaba parado, solía pedir que sus subordinados hicieran el trabajo, luego borraba los nombres de quienes habían realizado el trabajo o propuestas, colocaba su nombre y lo presentaba a la gerencia general. No solamente sus actos no eran éticos, sino que no reconocía el trabajo de los demás. Los méritos para ocupar ese cargo era que formaba parte del partido político que estaba en el poder, cuyo presidente ahora está preso por corrupto.
El trabajo en equipo supone también reconocer el trabajo ajeno, así como las propuestas e ideas. Cuando un jefe respeta el trabajo ajeno y reconoce la autoría de los aportes de sus subordinados, definitivamente tendrá el respaldo del equipo y, por lo tanto, tendrá también la ayuda en ideas, sugerencias y aportes ante los problemas que se presentan en toda organización.
Para trabajar en equipo, primero el líder debe estar en condiciones de saber que cada integrante de su equipo tiene mucho que aportar. Luego, reconocer el trabajo ajeno ante sus superiores. También saber motivar a los colaboradores para que sumen y no resten.
Es importantísimo que el líder tenga la iniciativa y proponga los retos y desafíos. También los objetivos que se pueden mejorar con el aporte del equipo o simplemente elaborarlos con la ayuda de todos los colaboradores. Recuerden que todo es perfectible y nada es absoluto. Se debe ser tolerante y aún aceptar las ideas más “descabelladas”, porque muchas veces se saca algo bueno o nos da pie para otras iniciativas.
Muchas veces tenemos entre los colaboradores a gente con mucha capacidad y entendimiento que sólo están esperando la oportunidad de ponerlas en práctica. El líder debe darles esa oportunidad.
No se debe temer a personas que tengan mayor experiencia o conocimiento. Algunos jefes cuando descubren que algún subordinado sabe mucho o conoce mejor el tema, simplemente lo limitan y lo mantienen en puestos de menor responsabilidad. El egoísmo o envidia, llamado por algunos “celo profesional”, muchas veces, juega un partido aparte e influencia entre los líderes jóvenes. Debería ser todo lo contrario, cuando más sabe una persona, estará en mejor posición de ayudar.
El trabajo en equipo también supone gratitud. Es decir, cuando se alcancen los logros, el éxito no es de una persona, sino del equipo. El líder debe comprender que los objetivos logrados forman parte del trabajo de todos o del grupo.
Nunca debemos minimizar el aporte de las personas experimentadas o con mayor conocimiento. Obviamente que también en la vida hay de todo. Tampoco debe sorprendernos que alguien busque vuestro puesto y practique el chantaje, la extorsión o la mentira para indisponer al jefe. Cuando ello ocurra, el líder debe saber detectarlo a tiempo y solucionar el problema también a tiempo.
Recuerde, el líder siempre da la oportunidad al equipo o subordinados de servir mejor a la organización.
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CESAR SANCHEZ MARTÍNEZ (Lima 1957) es escritor y periodista colegiado, especializado en Economía y Liderazgo. Se formó en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en la Universidad ESAN. Ha realizado estudios de especialización en Buenos Aires y Montevideo. Tiene escrito más mil artículos en diversas publicaciones de América Latina, Estados Unidos y España. Es miembro de la Primera Iglesia Bautista del Callao desde 1974. Como coach-mentor es conferencista en temas de Liderazgo Emprendedor y es director del diario CERTEZA.
