A Lucy.
Señora, hoy estoy triste.
Ya no te veré más.
te has ido para siempre.
Hoy he perdido algo.
Me había acostumbrado
a tu alegre sonrisa,
y a ese café descafeinado.
También a tus ocurrencias.
Ya no te escucharé más.
Te fuiste sin despedirte,
aunque debí sospecharlo
por los sufrimientos que vivías.
Te ví en el féretro.
Estabas durmiendo
el sueño eterno.
Sólo te miré con tristeza.
Señora, me pesa la vida.
Creo que vivir en ella
es una constante agonía.
Vivir es luchar cada día.
Miro alrededor
y no sé qué hacer.
Sólo sé que debo
seguir viviendo.
Señora, hoy estoy triste.
¿Qué hago ante esta verdad?
Realmente me siento solo
en medio de tanta gente.
Pienso ahora
que estás mejor que yo.
Aunque para ti ya no existe la vida,
vives en mis pensamientos.
Señora, ahora que no estás,
triste parece la vida.
Busco la paz ante tanta bulla
pero en medio del dolor.
Señora, me siento
un huérfano.
Alegrabas mi vida.
Hoy muero un poco.
He caminado mucho
intentaré dormir un poco
y al despertar de mi sueño
quisiera ver tu sonrisa.
Señora, aún escucho tu voz
y tu sonrisa en mi mente.
Siento el sabor de tu café
en mis labios.
Señora, pienso
en muchas cosas.
Pero lo que más recuerdo
es tu mirada y tu sonrisa.
Agradezco a Dios por tu vida.
Fuiste una mujer leal
a sus principios.
La muerte nunca te asustó.
Señora, si mucho la miro,
perdóname, estoy
triste porque no te veré más.
Adiós señora.
te extrañaré.
Frente al retrato de Lucy. Poema escrito en una fría madrugada de primavera, en mi cuarto, en el Callao.
Noviembre, 1981.
