Cuando despertó no tuvo noción del tiempo y menos de lo que había pasado. Sólo sabía si debería huir o quedarse. Estaba muy asustada. ¿Qué tiempo estuvo sin conocimiento? Ella lo ignoraba, pero sintió un profundo dolor en la cara. Fue en ese momento cuando recordó algo y levantándose con dificultad del suelo caminó hacia el baño, y mirándose en el espejo, lloró amargamente. Sólo caminó unos pasos con dificultad y se sentó en una vieja silla de paja. Sentía un fuerte dolor en su cuerpo, pero más en su alma.
Su rostro reflejaba el dolor intenso, pero no de los golpes que había recibido, sino de aquellos que deja el tiempo cuando duele el alma. Había aguantado mucho tiempo esa situación, pero no podía huir.
Recordó que años atrás ella había participado en varios concursos de belleza en Celendín, su pueblo natal, aquel paraíso ubicado en las extensas llanuras altoandinas del departamento de Cajamarca, el último reducto de los incas antes de caer conquistada por la soldadesca de España.
Su belleza y su conocimiento de la historia y ciencias sociales la habían ayudado a viajar por diversos pueblos y ciudades costeras, e incluso, hizo varios viajes a la selva ecuatoriana, llegando a Loja y Cuenca. Le había gustado mucho Cuenca por la similitud con Celendín, ambas ciudades eran especialistas en la confección de sombreros de paja y junco.
En uno de sus viajes al Huallaga, conoció a Raúl, hombre mayor que se presentó como asistente de la policía limeña que estaba de vacaciones por esos lugares. Marta estudiaba antropología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima, la más antigua del continente americano y ahora quería conocer otras ciudades del Perú, porque siempre creía que antes de conocer el mundo, primero debería visitar diversas ciudades peruanas.
En el Cusco, quería visitar el legendario santuario de Machu Picchu, una de las maravillas del mundo antiguo, construido por los incas. Vivía ilusionada del Perú y contaba las horas que faltaban para terminar sus estudios universitarios y comprometerse formalmente con aquel galán que había conocido en la cuenca del Huallaga, cuando ella representaba a la belleza cajamarquina.
Cuando conoció diversas ciudades del Perú, se quedó impactada por la variedad gastronómica, míticas playas, hermosos paisajes, flora y fauna silvestre, comunidades andinas campesinas y etnias amazónicas, y santuarios arqueológicos. Decidió escribir sobre ellos, razón por la cual se quedaba más tiempo de lo previsto. Ya en Lima, Raúl la había llevado a disfrutar de las noches musicales de Barranco y cenas nocturnas, acompañadas del exquisito vino tinto y de los fugaces viajes de fines de semana a Huaral, Huacho, Callao, Cañete, Paracas, Churín, etc., todos lugares cercanos a Lima.
Con el tiempo decidió radicar en el histórico, tradicional y republicano distrito limeño de Pueblo Libre, la “Magdalena vieja”, y hacer una vida de familia con el hombre que había conocido en el Huallaga. Además, Raúl tenía éxitos en los nuevos negocios que tenía precisamente en esa zona y que casi nunca le gustaba hablar, porque como él mismo decía, trabajar en el Servicio de Inteligencia significaba tener discreción en todo y para con todos. Marta empezó a creer que Raúl era un espía, y a manera de broma, le llamaba el “superagente”.
Su casa en Lima se convirtió en un museo. Había artesanías de casi todo el país, que acompañados de los libros y discos compactos, reflejaban la vocación cultural de Marta. Al principio todo fue color de rosa, pero con el tiempo las cosas cambiaron, se tornaron difíciles.
Los negocios exigían mayor ausencia de Raúl, quien sólo pasaba dos o tres días al mes con ella, quien se acompañaba leyendo los libros que había comprado en sus viajes. Había obras de historia, literatura, biografías, artes plásticas y cine. También estaban los volúmenes especializados de sociología, antropología, geografía y turismo.
Pero las exigencias de ella se hicieron notorias y fue el tema principal de las frecuentes discusiones. Cuando Raúl estaba en casa casi no había paz. Hasta que en cierta ocasión recibió una bofetada y luego otras tantas, pero no tenía familia a quien recurrir en Lima.
Con el tiempo, Raúl decidió quedarse en Lima por una temporada para atender algunos asuntos que para ella eran actividades sospechosas. Por temor, ella ya no preguntaba qué tipo de negocios eran. Sólo sabía que estaban vinculados con el Servicio de Inteligencia. Algunas noches observaba a su pareja pensativo y hasta mal humorado desde que llegaba a casa.
Esa agresividad se incrementó cuando los periódicos comenzaron a denunciar violaciones de derechos humanos y asesinatos de estudiantes. Ella sospechaba algo, pero no se atrevía a preguntar por miedo a la violencia de su cónyuge. Casi siempre recibía como respuesta cuando insinuaba alguna preocupación: “tú no eres limeña, no sabes lo que pasa aquí”.
En cierta ocasión, cuando Raúl no estaba, decidió encontrar respuestas a sus preguntas mientras revisaba sus cosas. Sólo encontró nombres, teléfonos, direcciones y fotos. También algunas cuentas bancarias. Cuando llegó Raúl, preguntó nuevamente con osadía, pero no hubo respuestas. Sólo recibió amenazas y varios golpes que la dejaron inconsciente. Raúl pensó que ella había descubierto algo.
Ahora, sentada en esa vieja silla de paja, recordaba su vida. Le vino a la memoria aquel paraíso celendino de yacimientos arqueológicos, lagunas azules, pinturas rupestres, valles verdes, andenerías incas, aguas termales y los concursos de belleza de su juventud. También de las artesanías, sombreros y los libros que compró que no tuvo tiempo de leer.
Tiempo después, exactamente, el 30 de octubre de 1995, en unos lejanos parajes de Aucallama, en la sierra limeña de Huaral, varios campesinos encontraron el cadáver de una mujer de unos 34 años aproximadamente. Nadie supo su nombre, tampoco nadie lloró.
Sólo alguien leyendo las notas policiales en el periódico días después, murmuró para sí mismo: “Marta fue su nombre”.
© César Sánchez Martínez
Resumen del relato original escrito en el año 2007.
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CESAR SANCHEZ MARTÍNEZ (Lima 1957) es escritor y periodista colegiado, especializado en Economía. Se formó en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Universidad ESAN. Ha realizado estudios de especialización en Buenos Aires y Montevideo. Tiene escrito más mil artículos en diversas publicaciones de América Latina, Estados Unidos y España. Es miembro de la Primera Iglesia Bautista del Callao desde 1974. Como coach-mentor es conferencista en temas de Liderazgo Emprendedor y es director del diario CERTEZA.
